martes, 27 de enero de 2009

Olores

Lo sabia, pero hoy he vuelto a sorprenderme del poder evocador y de relación que tienen los olores en nosotros, los humanos. Supongo que es de esas cosas que todavía nos quedan, a la especie humana después de siglos de evolución. Una reminiscencia de cuando andábamos por la tierra buscando algo que cazar como hacen en nuestros días los leones por la sabana.
Me ha pasado alguna vez entrar en la cocina de mi madre y recordar cuando hace años llegaba a casa del colegio y ese olor me hacia saber que estaba realmente en casa.
Años después de dejar el colegio me toco volver, en una gran fiesta de aniversario y ni siquiera el pasear por los pasillos, exactamente igual que entonces, me hizo reconocer el lugar como el olor, imposible de describir, que sentí nada más entrar.
A veces al cruzarme con gente en la calle o en el supermercado su olor, el de su perfume en este caso, me remite al recuerdo de personas que hace años que no veo y en las que no pienso hace demasiado.
El olor de la hierba recién cortada de cualquier césped me coloca en mis años de estudiante, en época de examenes de fin de curso, justo cuando empieza la primavera...
Un "after- shave" determinado me trae a la mente las tardes de domingo en que mi padre dejaba su correspondiente reguero de olor por el pasillo cuando salia camino del fútbol.
Pero el caso más llamativo me ha ocurrido hace relativamente poco. El año pasado me sometí a un tratamiento de quimioterapia por culpa de un cancer del que ya no queda nada. El caso es que mis sesiones se alargaban hasta el mediodía y como mi marido después volvía a su trabajo solíamos ir a comer a un restaurante cercano. Las primeras veces todo fue fenomenal, pero con el tiempo yo cada vez salia con peor cuerpo y termine por no comer practicamente nada. He de decir que soy una persona con buen apetito y disfruto de una comida en compañía. El caso es que yo achacaba mi falta de apetito al tratamiento. Cuando termine mis sesiones y ya totalmente recuperada después de una revisión rutinaria volvimos a comer en el mismo sitio. El entrar allí y oler fue suficiente para que mi organismo se sintiera igual que meses atrás, incapaz de probar bocado. No pude ni disimular.
Se que todo está en mi mente pero no me he atrevido a volver.

miércoles, 21 de enero de 2009

Balanceandome

Ayer, mi hijo, cumplió seis años nada mas y nada menos.
El niño, poco acostumbrado a grandes alardes, tuvo sus realitos, sus llamadas, su comida preferida, el beso sincero de los que le rodeamos, y su merienda en Mc Donal's con los amigos más cercanos.
Tuvo también, el deseo de su madre de que fuera un día especial, la preocupación de querer agradar sin pasarse con los caprichos, la nostalgia al pensar que han pasado seis años sin vuelta atrás y la esperanza por todos los que tiene por delante.
Sin quererlo, pero sin evitarlo, estuve haciendo un pequeño balance de estos seis años transcurridos y creo que todos estamos mejor que entonces.
Aquel niño recién llegado a la vida se ha convertido en un ser sensible, cariñoso, risueño, alegre, un poco cabezota y algo refunfuñón. Promete llegar a ser una persona abierta, creativa, diferente, capaz de hacer aquello que se proponga.
Los que con él vivimos somos personas más pacientes, más humildes, más sencillas y tenemos un poco más de capacidad de Amar. Al mismo tiempo tenemos menos fuerza (física) pero más empuje, menos necesidades pero más satisfacciones, menos vida social pero mejores amigos, menos tiempo pero menos espacio vació.
Si alguien esta pensando que me dejo los sin sabores de esta aventura le diré que a veces yo también dudo. Dudo de mi responsabilidad, de mi capacidad, de mi falta de recursos (sobre todo los del corazón), de mi frivolidad... nadie tiene más dudas que yo. Pero sinceramente creo que la balanza se decanta claramente hacia el lado de la vida.
Y lo mejor de todo es ver que no es merito propio, ni siquiera del niño, es la vida que nos va colocando en nuestro sitio, si queremos.