viernes, 7 de noviembre de 2008

Vidas entrecruzadas

Ayer, en medio del ritmo diario, llegó a mis manos y por azar la libreta bancaria que alguien dejo olvidada en un cajero. Siguiendo ese impulso que todos llevamos dentro de ayudar al prójimo, mire el nombre del titular por si eso me decía algo. Como no lo conocía de nada empecé a husmear, por encima al principio y con profundidad después, sus operaciones financieras. Poco a poco me fui familiarizando con aquel desconocido individuo:
Buena posición económica (2800 euros de nómina y 12000 en cuenta)
Soltero o con pareja pero sin hijos (escaso gasto en supermercados)
Vecino cercano (tiendas, cajeros y gasolineras de la zona)
Presuntamente culto (nómina de la universidad donde perdió la libreta)
Gusto por los zapatos (tres pares en tres meses y de coste elevado)
Metódico y fiel en sus costumbres (los tres pares en la misma zapatería)
Socialmente activo aunque no en exceso (alguna salida a cenar o comer en restaurantes cercanos y siempre en fin de semana)
Al llegar a casa seguí mis impulsos detectivescos y tecleé su nombre completo en Google. Ante mi varias paginas lo citaban, como imaginaba, como profesor universitario con bastante experiencia. Encontré su numero de teléfono y mail de la universidad pero no encontré nada de su edad ni ninguna fotografía.
Podía mandarle un mail y esperar respuesta pero me avergoncé de llegar tan lejos en mi investigación y no me atreví.
El la guia telefónica encontré su teléfono y domicilio. Las sospechas se confirmaban pues vive en una calle céntrica de la ciudad en una muy buena zona.
Sin planteármelo, aquel tipo era como de casa para mi y ni siquiera sabia su aspecto. Pero aquella libreta era mucho más elocuente que una biografía.
Necesite llamar tres veces pues las dos primeras nadie cogió el teléfono(efectivamente no tenia hijos) y sobre las nueve pude por fin escuchar su voz. Me lo imagine alto delgado y no muy mayor. Lo trate de usted precisamente por todo lo que sabia de él y me ofrecí para hacer con la libreta lo que él quisiera. Podría haberla tirado a la basura y no hubiese pasado nada puesto que en el banco le hubieran hecho una copia, pero me puse en su lugar y tener tus cuentas perdidas en un lugar donde pululan tus propios alumnos produce al menos inquietud.
Propuso que se la dejara en conserjeria de la misma universidad sin preguntar si yo era estudiante o si me venia bien pasarme por allí. Supongo que le pilló de sorpresa y que incluso estaba un poco avergonzado teniendo yo en la mano su historial económico de los últimos tres meses. Tampoco pregunto como tenia su teléfono.
Esta mañana se la dejé en el sitio acordado dentro de un sobre para evitar las intromisiones de los demás (descontando la mía propia). El conserje no le conocía pero ha guardado el sobre en espera de su dueño.
Seguramente me lo habré cruzado por la universidad (digamos que paso mucho por allí) y con toda seguridad no nos conoceremos jamas pero por un espacio reducido de tiempo su vida se cruzo en la mía en forma de operaciones bancarias. Durante unos días recordaré su nombre, luego lo olvidaré y cada uno seguirá su vida.

1 comentario:

RBD dijo...

¡Wow!¡Qué lindo relato! Y tal vez su encanto provenga justamente de la incertidumbre. De lo que nunca fue, pero pudo haber sido. Así, sin más detalles. Como la vida misma, aunque estemos tan seguro que somos nosotros quienes dirigimos nuestro destino y no la circunstancias o el simple azar.

Un abrazo afectuoso,

Rafael