El otro día, por una carambola del destino, fui participe de una reunión con poca gente, unas diez personas, en la que pude compartir un rato muy distendido con dos personas muy conocidas. Digo muy conocidas por no decir famosas que siempre tiene una connotación un poco frívola.
Uno de ellos es un conocidísimo futbolista, ya retirado, que acudía como invitado, igual que yo, a la casa de un profesional del mundo taurino,en activo hoy en día.
Este último nos atendió con una naturalidad sorprendente, si tenemos en cuenta que no nos conocía de nada, y nos dedico una mañana completa a enseñarnos su casa, su familia y a explicarnos con todo lujo de detalles los abatares y dificultades de una profesión que tiene mucho de arte y también de ciencia. En todo momento estuvo correcto, amable, paciente y yo diría que incluso disfrutó.
Nuestro amigo el futbolista nos acompaño más tiempo, comimos juntos y hablamos de todas las cosas normales de las que habla la gente normal.
Quien me este leyendo puede pensar que los famosos son gente al fin y al cabo y que no se de que me sorprendo. Y tienen razón, pero no dejo de pensar que antes de nuestra cita yo andaba un poco nerviosa pensando que esta gente se codea con lo más selecto, que todo el mundo los alaga y que quizá yo no iba a estar a la altura de dichas circunstancias.
La sorpresa, muy grata por cierto, fue que ellos también intentaban estar a la altura, no ser simplemente esos personajes que todo el mundo conoce y mostrarse como personas corrientes que han tenido en la vida unas circunstancias extraordinarias.
De la tensión del principio pasamos a tener un rato muy agradable en el que ellos también disfrutaron cuando los demás los tratábamos como lo que eran, personas.
Debo decir que los dos me sorprendieron gratamente por ser gente que aporta, que tiene cierta profundidad, saber estar y mucha calidad humana.
A mi vuelta al mundo corriente, lleno de gente anónima como yo misma, ni siquiera se me ocurrió nombrarlos porque pensé que ellos también lo habrían preferido así. Hablé de ellos, de el día tan agradable que pasamos y de la gente tan maja con la que me encontré pero lo hice como quien habla de su vecino el del 5º, un tío fabuloso del que nadie sabe como se llama ni a que se dedica.
Para mi fue todo un placer inesperado.
3 comentarios:
Hace unos días que he traspasado la frontera de los 50 y mi experiencia es que la gente excepcional es muy sencilla.
Gracias por tu comentario.
Un beso
María Jesús
Hace unos días que he traspasado la frontera de los 50 y mi experiencia es que la gente excepcional es muy sencilla.
Gracias por tu comentario.
Un beso
María Jesús
suele suceder a menudo que la gente ordinaria es la más extraordinaria.
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